TERREMOTO NO MERMÓ EL INTERÉS DE LAS VOLUNTARIAS, QUE COPARON LOS REGIMIENTOS PARA LOS EXÁMENES FÍSICOS Y MÉDICOS:
SIETE MIL MUJERES POSTULARON ESTE AÑO AL SERVICIO MILITAR, SEIS VECES MÁS QUE LOS CUPOS OFRECIDOS
1.210 jóvenes ingresarán este 3 de mayo a su curso de formación militar en las distintas unidades, para posteriormente ser enviadas a labores de reconstrucción.
Llegaron sin maquillaje, con el pelo amarrado, buzo y zapatillas. Nada de pretensiones. Los anillos, aros, pulseras y cadenas quedaron en casa, para que no interfirieran en las pruebas de exigencia física.
300 jóvenes, de entre 18 a 24 años, se presentaron la semana pasada en la Escuela de Infantería de San Bernardo, con un solo objetivo: inscribir sus nombres en los apenas treinta cupos asignados para el servicio militar femenino en esa repartición.
La escena se multiplicó en todo Chile. Para la versión 2010 -que se retrasó en un mes por el terremoto- postularon siete mil mujeres para los 1.210 cupos y 19 mil varones para 11 mil plazas, cifras que se mantienen en los rangos de años anteriores.
Las elegidas deben acuartelarse el lunes 3 de mayo para partir a las distintas unidades y, después de un período de instrucción, a las zonas devastadas por el terremoto.
Procedentes de comunas como La Florida, San Bernardo, Melipilla y La Pintana, entre otras, la primera barrera que debieron sortear fue el examen médico. Obesidad, problemas al corazón, fracturas, pie plano, caries y frenillos; más cualquier problema con la justicia -propio o de algún familiar-, dejaron fuera de inmediato a 81 de las postulantes.
Lo más difícil, no obstante, fueron las pruebas de suficiencia física, partiendo por el test de Cooper, que consiste en recorrer la mayor distancia en 12 minutos y que fue diseñado en la década del 60, en medio de la guerra de Vietnam, por el doctor Kenneth H. Cooper para evaluar la condición física de los reclutas norteamericanos.
Sólo las que superaron los 2.300 metros obtuvieron los 100 puntos.
"¡No se rinda! ¡No se detenga!"... era la orden de los instructores a las que optaban por caminar, para recuperar fuerzas.
En los abdominales -"prueba de mina", como decían-, casi todas superaron ampliamente los 32 que se exigían en un minuto en total, para anotarse 100 puntos.
Sin embargo, los resultados fueron mucho más disímiles en la prueba de flexiones de brazos, la única sin límite de tiempo. La vencedora fue Lyndcy González, de 18 años, con sólo 1 metro 43 de estatura. Hizo más de 60, cuando el promedio fue un poco más de 20.
Lyndcy se preparó durante todo un año. Sola, corría todos los días, hacía barras, abdominales y, por cierto, flexiones.
"Lo hice porque amo al Ejército, porque quiero ser una de las seleccionadas. Quiero seguir la carrera militar y que me manden a ayudar a la gente afectada por el terremoto", dice. Agrega que cuenta con el respaldo de su familia y de su pololo, quien está haciendo el servicio militar y fue enviado a las labores reconstructivas en Navidad.
Para esta convocatoria a nivel femenino, en el Ejército se admite que hubo temores a una baja, justamente por el terremoto.
"Pero nos dieron una grata sorpresa: llegaron acá porque sienten que pueden ayudar a los demás a través del Ejército y eso nos llena de orgullo", dice el comandante Rodrigo Álvarez, jefe del proceso de selección en San Bernardo.
El cedazo más temido fue la entrevista personal, sobre intereses y cultura general. Porque la mayoría viene saliendo de Cuarto Medio y a muchas no les fue muy bien en la PSU. De ahí que detrás de la conscripción exista otro interés: salir, después de un año, con un oficio en computación, cocina o mecánica en los cursos que ofrece el Ejército
Aparte de las 30 seleccionadas, diez de las postulantes quedarán en lista de espera por si alguien se arrepiente o tiene problemas que le impidan cumplir el compromiso. El resto tendrá que repostular el próximo año o buscar otro rumbo.
Las razones por las que eligieron la carrera militar
Lilian Norambuena (24):
Profesora de Educación Física. Es la única que cuenta con una profesión. Decidió postular por las herramientas que le otorga el Ejército en relación con el trabajo en equipo, la disciplina y la sana competencia.
Lyndcy González (18):
"Amo al Ejército. Quiero ser una de las seleccionadas. Quiero seguir la carrera militar y que me manden a ayudar a la gente afectada por el terremoto", dice. Se preparó un año antes.
Daniela Espinace (18):
"Cuando veía a los militares ayudando en el terremoto, decía: 'Yo quiero estar ahí'; quiero preparar un plato de comida, sacar escombros, ayudar a construir una mediagua y así dar algo de felicidad".
María José López (18):
"Si no llegara a quedar, no me pienso decepcionar. Eso lo tengo súper claro. Tengo la decisión de prepararme para postular de nuevo el próximo año, porque amo a mi Patria y soy perseverante".
Katherinne Ortiz (19):
"No quiero que nos traten distinto a los varones a nivel de instrucción. Vengo de familia militar y amo la institución. Mi hermano está en el Ejército, y cuando lo veo desfilar se me hincha el pecho".
El efecto "Pelotón"
Aunque la vida militar no es ajena para muchas de las postulantes -quienes tienen padres, tíos y hermanos en la institución-, para otras la única referencia que tienen son los programas televisivos del estilo Pelotón.
De éste, rescatan los espacios de formación, el trabajo en equipo y los consejos de los instructores. Pero no soportan la dinámica que se da entre los "reclutas televisivos" en torno a sus relaciones de amistad y de pareja.
"Lo malo es la farándula, los cahuines, el amor y las peleas", dice Lucía Henríquez, de 18 años, para quien el Ejército está muy ajeno a esas prácticas.
La idea es avalada por Romina Ortiz, de Melipilla, quien sostiene que espacios como estos, en vez de mejorar la imagen de la vida que se da al interior de los cuarteles, la afectan.
"El Ejército -dice- no es un reality ; aquí estamos por vocación social, para ayudar a los demás, y si alguien cree que esto es farándula, se equivoca".